El fin de la fuga de cerebros

Fuga de cerebrosHace poco estuve en un curso de Marketing donde nos explicaban las distintas estrategias para darle más valor a tu producto. La más conocida podría ser la asociación de famosos con tu marca. A que funciona? Café y George Clooney, la Presley y Porcelanosa o Carmen Machi y su manía de hacernos saber que va al baño más veces por tomar tal yoghourt.

Pues bien, yo, investigador postdoctoral en la Universidad de Cambridge, he encontrado ya el famoso que abandere mi producto. En mi caso es más una reinvindicación, una idea: la sensación de estar viviendo un exilio laboral en el que te es imposible volver a España para ejercer tu profesión. Lo que han denominado fuga de cerebros.

Y es que, hoy por hoy en ciencia (mi profesión es científico), por muy bien que lo hagas, por muchos artículos que publiques, por muy prestigiosa que sea la institución donde trabajastes, la verdad es que la vuelta es una tarea ardua -cuando no imposible. Si eres de l@s afortunad@s que consigue un contrato por unos añitos te enfrentas a la sinrazón de que sólo te cubre tu sueldo (más bajo que antes, cómo no) y que no te dan dinero para trabajar. Como si contrataras a un arquitecto de prestigio para hacer un edificio pero no le das ladrillos ni albañiles… Por esto no es de extrañar que investigadores que han conseguido un contrato Ramón y Cajal (el programa estrella de captación de talento de la I+D+i española) estén rechazando esos cinco años por el futuro aciago al que se enfrentaban. “Un suicidio científico” decía alguno.

Así, la presentación de nuestro buque insignia, de nuestro baluarte, de nuestro “Clooney”, se hacía una tarea imprescindible para que nuestras reinvindicaciones llegaran a buen puerto y acallar así a los políticos que opinan que la fuga de cerebros es un topicazo, que entran los mismos que salen o que simplemente niegan rotundamente.

Por todo esto, me congratula saber que hay una persona que entiende esta sensación de desamparo e incredulidad al verse formado por un gobierno que luego deshace el entramado laboral que te pudiera sostener. Ese drama que está separando multitud de familias al ver emigrar a sus hijos sin saber cuándo volverán. Y es que uno se queda más tranquilo sabiendo que su causa va a estar encabezada por una figura del máximo calibre intelectual. De lo mejorcito en España. Mejor que un premio Nobel. Un ejemplo de desperdicio de años de infinito cuidado y mimo en su formación que, sin duda, sacudirá las conciencias de nuestros mandatarios y abrirá los ojos a una sociedad que -me juego el pellejo- invadirá ciudades y pueblos en un grito unísono de “NO A LA FUGA DE CEREBROS!!!”

Muchas gracias, Yola Berrocal. Quién mejor que tú para abanderar esa sangría de talento. Hoy dormiré en paz sabiendo que podré volver pronto a España para trabajar de lo mío.

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