El brillo de tu mirada

Lente de contacto  que detecta glucosa en lágrima. Fuente: Google

Lente de contacto que detecta glucosa en lágrima. Fuente: Google

Hoy voy a hacer una confesión. Tengo pánico a las agujas. Vamos, que me caigo redondo cada vez que me tienen que sacar sangre o hacer un frotis sanguíneo. Todavía me acuerdo cuando en las prácticas de la carrera tuvimos que pincharnos el dedo para sacarnos sangre y yo terminé en el pasillo del Departamento de Biología Celular patas arriba, blanco como la leche y una amiga abanicándome.

Por eso estoy muy contento de saber que Google está trabajando en un prototipo de lentes de contacto para medir la glucosa en lágrimas. Brillante, no? No es que yo sea diabético, pero imagínate la imagen de desmayarme varias veces al día por tener que testarme el azúcar en sangre.

Al parecer ya se sabía desde los años 30 que tus lágrimas contienen azúcar. Lo único que quedaba era diseñar algo para medirla y mandar una señal. Pues bien, al parecer estas lentes son capaces de medir el nivel de azúcar cada segundo y están pensando integrar luces LED (como las que usas en las bicis para que te vean) que se enciendan cuando el azúcar llegase a cierto umbral. Así que si a partir de ahora notas cómo se le ilumina la cara a alguien cuando te ve, puede que no esté enamorad@ de ti sino que sólo le haya dado un subidón de azúcar!

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El primer sermón… en el baño.

Fermín se acababa de duchar y miraba atento a su peluca con gesto pensativo. Desde que la compró su vida había sido un infierno ya que la peluca le hablaba. Don Manuel, su psicólogo, le había dicho que se la pusiera otra vez y que se relajase. Pero él no sabía si podría relajarse sabiendo que estaba manteniendo una conversación con un trozo de pelo.

Al final se decidió y nada más colocársela escuchó: Vaya, vaya! A qué se debe este honor?

Fermín había decidido a seguirle el juego a la peluca y no negar esa voz que venía de su mente -o eso quería creer él- con la secreta esperanza de que así desaparecería más rápido. Hola, peluca! Respondió.

-De peluca nada! Que uno tiene un nombre, Arthur.

Vaya! No solo habla sino que hasta tiene nombre! Bueno, bueno. Yo me llamo Fermín. 

-Muy bien Fermín. Ahora, si no te importa, me puedes explicar porqué te compras una peluca para dejarla dentro del armario una semana?

-Perdona pero, por si no te has dado cuenta, hablas. Y eso, que yo sepa, no es muy normal entre las pelucas. Necesitaba tiempo para ordenar mis pensamientos y ver qué podía estar pasando. Estaba tan rayado que incluso fui al psicólogo!

-Que fuiste al psicólogo porque tu peluca habla? Vamos hombre! Gurdon no tuvo ningún problema en todos los años estuvimos juntos.

-Lo que sea! Además, te pusistes un poco pesadico con lo de la ciencia.

-Cómo quieres que me ponga si no tienes ni idea de ciencia! Eres como un monigote que se traga todo lo que le digan y sin criterio ninguno. Que los alimentos transgénicos son malos, pues vale; que las células madres son buenas, pues venga; que todo lo que diga Greenpeace va a misa, pues claro! Un hombre adulto como tú no puede permitirse el lujo de ser analfabeto en ciencia. En pleno siglo XXI!
Por ejemplo, me he dado cuenta de que usas una crema de rejuvenecimiento celular para la cara y me apuesto lo que quieras que no puedes explicarme qué es una célula.

-Y yo qué se. Sólo es una crema de la cara!

-Osea, ni idea. Eso ya lo sabía yo. Para que sepas, la célula es lo mínimo que se despacha en ser vivo. Si algo está vivo, una de dos: o es una célula o está formado de células. Los seres vivos que sólo son una células -como las bacterias que intentas matar cada vez que limpias la cocina- son seres unicelulares. Y a los que tienen más de una se les llama pluricelulares, como tú.

-Entonces todo lo que está vivo tiene células, no?

-Sí.

-Mi prima Loli, las bacterias, los virus…

-Eh! los virus, no son células ni están compuestos por células.

-Cómo que no? Con toda la tabarra que dan!

-Además, no son seres vivos.

-Qué dices? Las bacterias sí y los virus no? Te estás quedando conmigo, no?

-A ver, un ser vivo es aquel ser que sea capaz de alimentarse, relacionarse y reproducirse por si mismo. Y el virus no puede reproducirse solito. Necesita una infección para meterse dentro de las células y utilizarlas para producir más virus. Por eso no son seres vivos.

-Vaya cacao!

-De cacao nada! Que lo de las células lo sabría hasta un jovenzuelo de secundaria.

-Pues sí que le sacas tú punta a una cremita… Le voy a quitar las etiquetas a todos los botes! Vaya a ser que todas las mañanas me des la tabarra con una clase magistral!

Y Fermín, con el ego un poquito dolido, salió del cuarto de baño, no sin echarse antes una buena ración de laca que dejó grogi a Arthur. Vendetta!!!!

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El secreto de Fermín (Prólogo)

Fermín llevaba en la sala de espera desde hacía cinco minutos y ya se sabía de memoria los títulos que el psicólogo tenía colgados en la pared. Se notaba inquieto y no paraba de pasarse la mano por la calva, como si comprobase que estaba tan lampiña como cuando se levantó por la mañana. La verdad es que no tenía claro qué hacía allí. Su problema no es que fuera muy grave pero no sabía a quién contárselo. O al psicólogo o al cura, se decía. Y como Fermín no era muy partidario de los curas, eligió el psicólogo que llevaba pasando consulta en el bloque de su madre desde hacía más de veinte años. ¿Quién si no? Total, no conocía a ninguno. Y Don Manuel, que era como se llamaba el psicólogo, le había parecido agradable al trato las pocas veces que coincidieron en el ascensor.

Mientras Fermín daba el decimonoveno repaso a los títulos de Don Manuel, se abrió la puerta del despacho y salió el psicólogo con una señora de mediana edad.

-Pues nada, le espero la semana que viene a la misma hora.

-Muchas gracias, Don Manuel.

La señora salió de la sala de espera sin mirar a Fermín y cerró la puerta de la consulta. Fermín tardó un momento en percatarse que Don Manuel le estaba mirando desde hacía rato.

-Usted tiene que ser Fermín, ¿no? Pase, pase. ¿En qué le puedo ayudar?

-Pues verá, no se si me recuerda. Soy el hijo de Paquita. La del cuarto. Bueno, eso es lo de menos. El caso es que me ha pasado una cosa un poco… digamos que inusual y estoy un poco preocupado. Hace unos meses me dejó mi novia de toda la vida y me entró un bajón muy gordo. No quería comer, no quería salir de casa, no quería ir a trabajar…ya sabe a lo que me refiero. Así, hasta que un día salí de casa, me vi en el espejo del ascensor y no me reconocí.
Ya basta! me dije y me propuse parar esa sinrazón. Lo primero que pensé en hacer fue en lo que dicen que funciona mejor: Un cambio de imagen. Como tengo menos pelo en la cabeza que el culo de un niño decidí que una peluca sería un buen comienzo para mi nueva vida.

-Pero no la lleva puesta.

-Y ahí es donde voy. Me compré una peluca con un tupé que más quisiera Elvis Presley. Rubia con canitas (dicen que les da una puntito interesante). El caso es que parecía funcionar. Volver a tener pelo me subió la autoestima y ya llevaba una vida normal hasta…hasta que la escuché.

Fermín se quedó callado mirando al doctor, como esperando la cara de sorpresa.  Pero él seguía con la cabeza en su cuaderno de notas. Después de unos interminables segundos Don Manuel  le preguntó: Siga, siga. Hasta que escuchó, ¿a quién?

-¡A la peluca! ¿A quién si no?

Ahora el doctor sí que dejó de mirar al cuaderno y subiendo lentamente su cabeza dijo:

-La peluca que se compró le… ¿hablaba?

-Y no sólo eso, ¡me hablaba de ciencia! Al parecer era la peluca del premio Nobel Sir John Gurdon pero se cansó de él y se fue a recorrer mundo. Y claro, acostumbrada a tener un premio Nobel con el que hablar de ciencia, no paraba de hablar de genes, células madre y transgénicos. Y yo, que soy de letras, pues no le entiendo nada.

El psicólogo ya no tomaba notas y se limitaba en mirar detenidamente a Fermín. 

-Y claro, a usted eso le incomoda y por eso ya no la lleva. 

-¡Pues claro que me incomoda! ¡Que parece que estoy chalado hablando con mi peluca! ¿O usted no cree lo mismo?

-Lo de las voces ya lo veremos. Pero déjeme preguntarle una cosa. Desde que no lleva la peluca, ¿qué tal se siente?

-Igual de amargado que antes. Pero claro, entre estar majara o amargado pues ya me dirá usted con qué me quedo.

-Vamos a hacer una cosa. Vuelva a ponerse la peluca. Al parecer eso le viene bien. Y lo de las voces… no se preocupe.  Piense que es una cosa temporal. Como los amigos imaginarios que tienen los niños. Además, si me dijera que le anima a tirarse por el balcón me preocuparía. Pero si sólo es ciencia, déjese llevar.

-Ya doctor pero…

-¡Ni peros ni nada! Inténtelo y ya me dice qué tal le ha ido la semana. Y lo siento pero su tiempo ya se ha acabado.

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Carta de Manolo el celador a Ana Mato

Ana Mato. Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del gobierno español.

Estimada Sra. Mato:

Me llamo Manolo y soy celador en un ambulatorio. Le escribo para mostrarle todo mi apoyo a la decisión que tomó hace poco al negar la fertilización in vitro a mujeres fértiles. Desayunando el otro día con otros celadores salió la conversación y, he de decir, que la mayoría pensaban como usted. Otros, sin embargo, decían que usted iba a por las tortilleras. Que usted pensaba que ya era bastante malo con que se pudieran casar como para que, encima, tuvieran descendencia. Jejeje, como si eso fuera hereditario! Yo no creo eso. Yo creo que usted es una gestora valiente donde las haya. Su objetivo sólo es la reducción del gasto médico, le pese a quien le pese. Y si una tortillera, más sana que una lechuga, quiere un bebé, pues ya sabe lo que tiene que hacer. Que no venga ahora haciendo gastos inútiles al hospital.

Pero no sólo le escribo por eso. En ese desayuno, a los celadores que estábamos allí, y que pensábamos como usted, se nos ocurrió que podíamos aportar nuestro granito de arena a ese ahorro médico. Usted dijo: “Todas las mujeres que tengan un problema médico, él o ella, podrán acudir a la fecundación en el sistema público” Y ahí voy yo: la típica parejita en la que el problema es él. Ya ve por dónde voy, no? Pues eso, que para qué hacer gasto? Que la gente se empeña en tener un bebé con su marido, que no sirve ni para hacer niños!

Pero no se preocupe que en mi grupito de desayuno hemos pensado la solución a sus problemas. Nuestra propuesta es crear el Cuerpo Nacional de Sementales. Así, la solterona, la tortillera y la que tiene un marido que “no sirve” tendría su bebé: usted queda como una reina al reducir el gasto médico y nos dejamos de tantos tubitos de ensayo!!!

Por personal no se preocupe, entre nuestro grupito ya hay varios voluntarios. Mire usted! De gratis se ofrecen los angelicos! Ya hasta le han sacado nombre para el servicio a domicilio. Le van a llamar “Aquí está el tío”.

-Ding dong.
-Quién es?
-Señora! Aquí está el tío!
No me diga usted que no es buena idea!

Unos nos dicen que somos unos brutos y que usted se negará en rotundo. Yo les digo que no, que es con usted con quien esta iniciativa podría salir adelante. Al fin y al cabo usted prácticamente ha mandado a mujeres homosexuales, que les van las tías, a acostarse con tíos si quieren tener niños!!! Seguro que no le costará convencer a la opinión pública que una mujer heterosexual, que les van los tíos, se acueste con tíos!!!

Usted piénselo, que ya verá que tiene lógica y no le eche cuenta a los mojigatos que se opongan.  Sólo tiene que cambiar un poquito su discurso a “la falta de varón estéril no es un problema médico para la mujer fértil. Y ya está! Todas con un bombo y los de mi desayuno la mar de felices!

Un saludo

Manolo

PD: Si las lesbianas se quejan de nosotros, pues dígales que si hace falta nos ponemos pelucas y nos pintamos los morros (anda que no va a estar guapo el Paco con ese bigotón y los morros pintados…) El confeti corre de su cuenta, eso sí…

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Y eso, para qué sirve?

-Hola Fulanita! Estudias o trabajas?
-Trabajo, y tú?
-Yo soy biólogo. Y trabajo con moscas.
-Con moscas? Y eso, para qué sirve?
-Para estudiar el cáncer.
-Con moscas? (Se oyen risas de fondo)

Desde mi adolescencia científica supe que no se podía ligar mucho siendo sincero con mi trabajo. Y es que es muy difícil explicar que hiciste la tesis sobre cómo migran las células del tubo digestivo de una mosca. Y más difícil aún si tienes que argumentar cómo tus experimentos pueden ayudar a tratar mejor cosas como la metástasis de un cáncer.

Para qué sirve esto? Recurrente pregunta que los científicos escuchamos proveniente de familiares, amigos, políticos y organismos que podrían financiar tus investigaciones. Nosotros respondemos “para curar el Cáncer, o el SIDA, o el Parkinson….”. Más cercanas a la especulación que a la realidad y omitiendo siempre una referencia temporal. Y es que, desgraciadamente, no sabemos cuándo vamos a llegar ahí.

La verdadera respuesta? Para aprender. Para entender mejor cómo funcionamos nosotros y la naturaleza. Y por qué? Porque los científicos descubrimos, no inventamos. Describimos por qué pasan las cosas y cómo pasan. Luego, sabiendo cómo funcionan podremos intentar buscar una aplicación.

Es así, desde lo básico, como se avanza. Por ejemplo, estudiando una levadura se pudo entender mejor cómo una célula de duplica de manera controlada. Cuando Paul Nurse lo describió se dió un pasito más para entender cómo funciona el cáncer. Por otro lado, jugueteando con los núcleos de las células de unos sapos John Gurdon demostró que el ADN de una célula de estómago (que sólo producía células de estómago) era capaz de reprogramarse y dar lugar a un sapo entero. Así se abrió la puerta al estudio y aplicación de las células madres para la cura de múltiples enfermedades. Y hace poco nos levantamos sabiendo que podríamos haber dado un paso para curar el síndrome de Down al “inactivar” uno de sus tres cromosomas 21 característicos. Y esto empezó en 1991 cuando Huntington F. Willard caracterizó cómo todas las mujeres, con dos cromosomas equis (XX), se las apañan para que uno de ellos se silencie.

Así que no desfallezcamos en apoyar a la ciencia básica e impidamos la cortedad de miras de la aplicación inmediata como único valor en una investigación. Porque primero hay que aprender, entender y estudiar lo básico. Y luego, con suerte, podremos buscar su aplicación.

Sin ciencia no hay futuro

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Madre no hay más que una? Mitocondria

Mitocondria, tan importante como difícil de pronunciar.

Mitocondria, tan importante como difícil de pronunciar.

Si te digo que respiras con los pulmones, la cosa va bien. Pero si te vengo con que donde verdad respiras no es en los pulmones, ya te me mosqueas un poquito, no? En los pulmones es donde tomas oxígeno y liberas el dióxido de carbono. Pero en Biología se llama respiración al uso de ese oxígeno para producir energía que necesitan tus células para vivir. Y esa respiración se hace en un lugar muy especial de la célula, en la mitocondria.

La principal función de la mitocondria es producir energía a través de la respiración. Es como si la mitocondria fuese el cargador de pilas de la célula. Le llegan las “pilas descargadas”, y a través de la respiración las carga. Estas “pilas cargadas” son unas moléculas especializadas en almacenar energía con un nombre muy rarito: El ATP o adenosín trifosfato. Y la “pila descargada” sería muy parecida: El ADP o adenosín difosfato. No hay que ser un lince para darse cuenta de que la diferencia entre cargada y descargada es un solo fosfato. Y de eso se encarga la mitocondria, en añadir ese fosfato y “recargar la pila”.

Esta respiración se hace gracias a que hay proteínas especializadas en la mitocondria. Como ya sabemos, las proteínas las produce la célula a partir de unos planos escritos en el ADN. Hasta ahora hemos visto que el ADN está en el núcleo de la célula. Pero habíamos sido un poco embusteros y es que no solo hay ADN en el núcleo. En la mitocondria también hay ADN. Ese ADN de la mitocondria es el que necesita para generar proteínas importantes para la respiración. Así, si hay una mutación del ADN de la mitocondria la respiración no funciona bien y eso da a lugar a diversas enfermedades que pueden provocar serias discapacidades como debilidad muscular, ceguera e insuficiencia cardíaca.

Una cosa interesante de este ADN es que lo has heredado al 100% de tu madre. El espermatozoide de papá se unió al óvulo de mamá, pero prácticamente solo aportó ADN del núcleo. El ADN de las mitocondrias del padre no entran porque las mitocondrias de los espermatozoides -muy necesarias para que se muevan con facilidad- se quedan fuera del óvulo. De esta manera las mitocondrias que tú tienes son igualicas a las de tu madre. Esto quiere decir que si una mujer tiene una enfermedad mitocondrial de seguro que se la pasa a su descendencia. Hasta ahora no se podía hacer nada, pero gracias a los avances en fertilización in vitro se puede evitar este problema. La nueva técnica se basa en extraer las mitocondrias del óvulo de la donante enferma y reemplazarlas con mitocondrias de una donante sana. Y luego, haces la fertilización con los espematozoides del futuro papá y así el churumbel estará sano. Esto significa que podemos tener bebés de  tres progenitores distintos en función de su ADN: Papá nuclear, mamá nuclear y mamá mitocondrial. Entonces, madre no hay más que una?

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Cromo qué? Cromosoma…

Chromosome

Cromosoma

Otra palabrita rara que usamos los biólogos es cromosoma. En palabras simples: el cromosoma es al ADN lo que los ovillos son a la lana. Vayamos paso a paso.

Yo no se si te habrá tocado hacer ovillos con la lana. Mi madre siempre me ponía con brazos extendidos y las palmas de las manos verticales. Luego ella hacía sus ovillos para lo que después sería una colcha, jersey o bufanda (que no veas lo que picaban). No eran pocas las ocasiones en las que esos ovillos terminaban como pelota de un partidito de fútbol en el pasillo de casa. La gracia estaba en que el ovillo se iba deshaciendo en cada patadita. Teníamos pelota y cronometro, todo en uno. Ni que decir tiene que mi madre se pillaba unos rebotes de órdago cuando veía los hilos de lana por todo el pasillo…

El caso es que el ADN, se parece al símil del ovillo de lana.  Cada célula de tu cuerpo tiene un hilillo de dos metros de ADN que tiene la capacidad de enrollarse en si mismo para estar más compacto. Y los “ovillos” que forma se les llama cromosomas.

La mayoría de los humanos tienen 46 cromosomas en el núcleo de cada célula de su cuerpo. Pero no son 46 cromosomas diferentes sino que son 23 parejas de cromosomas. Un cromosoma  de mamá y otro de papá.

Y por qué dos copias de cromosomas? Pues mira, como los genes son tan importantes siempre es bueno tenerlos en dos copias, por si una de las copias se estropea (mutación). Pero sólo dos copias, eh? Más tampoco es bueno. Seguro que te suena el término trisomía. Hace referencia a que se tiene tres copias de un cromosoma en vez de dos. Se ha hecho famoso por la amniocentesis, una prueba que se hace durante el embarazo para ver si el feto tiene una trisomía en el cromosoma 21. Por desgracia, esta alteración da lugar a que el bebé nazca con síndrome de Down.

También te sonará que los hombres son XY y las mujeres XX. Estos cromosomas se llaman cromosomas sexuales porque son los que deciden si el bebé es niño o niña. La mujer es la que da un cromosoma X y el espermatozoide puede llevar un X o un Y. Por eso se echa la culpa a los padres de que sea varón o hembra el demonio que les ha tocado por descendencia.

Y ahora te pregunto yo? Tenemos una pareja de cada cromosoma por si acaso se nos estropea una de las copias de los genes, no? De hecho las mujeres tienen hasta dos cromosomas XX. Pero los hombres no. Tienen un cromosoma Y y un cromosoma X… Y qué pasa entonces? Pues parece que estamos jodidos. Tanto que según dice la genetista Jenny Graves, de la Universidad de Camberra, los varones desaparecerán de la faz de la tierra en 5 millones de años.

PD: Los espermatozoides y óvulos serán las únicas células de nuestro cuerpo que no tienen 46 cromosomas sino 23. Esto es así porque su función es unirse uno con otro y formar una célula completica, con sus 46 cromosomas.

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